A pesar de que la venganza se sirve en plato frío, y en determinados momentos no sepa atender a razones, aún tengo el corazón templado y el despecho es algo que no he aprendido.
No me valen las excusas que no he pedido. Creo que tampoco me valen las que sí pido, porque nunca es la que quiero escuchar, la correcta. En realidad, y pensándolo bien, no me vale ninguna. Porque no es la palabra excusa. No es esa sensación, es otra. Lo que espero a veces es sumisión. Rendición. No es humillarse pedir perdón y rectificar. Pero la consecuencia, hasta en el error, no es barata. De hecho es la única virtud que no puede comprarse con dinero. Y escasea.
A pesar de que la venganza se sirve en plato frío, mi conciencia no me permite hacer determinadas cosas. Mala suerte. Pero poner la otra mejilla es una tontería. Por eso he decidido que los comportamientos de argumento incomprensible, aquellos que me hieren y parecen escapar a toda lógica, que hacen que mi fe se escape gota a gota, por minutos, no merecen más paciencia.


Preciosas palabras. Sin hipocresías, sin falsa moral.
No hay perdón posible a quien quiere hacer daño. Poner la otra mejilla es la respuesta del perdedor. Pero vengarse en dar demasiada importancia al otro.
Situarse por el encima del bien y del mal está mal visto en nuestra sociedad. Parece que la gente te quiere sumiso y humilde. Pues no. Para sobrevivir hay que creérselo un poquito. Aunque esté mal visto y te tachen de arrogante. Porque, si lo piensas bien, ¿qué no está mal visto en nuestra sociedad?
A mi cuando me hacen daño...no me gusta que me pidan perdón. Sé perfectamente lo que me han hecho y cómo me lo han hecho...no quiero que me lo confirmen y me digan "lo siento" no quiero bombas de palenque, quiero fuegos artificiales...algo que me deje convencida de que de verdad sienten lo que me han hecho...
Por cierto...después de mucho tiempo esperando para vengarme (plato frío y esas cosas)...he descubierto que las personas que me han hecho daño ya tienen bastante castigo con ser como son...la vida siempre acaba poniendo a cada uno en su sitio....
Algo que he omitido arriba...
Nunca ejecuto venganzas, porque me parece indecente y ruin -como tú dices, tttb, de eso ya se encarga la vida...-. Pero confieso que me gusta la sensación de saber que se te presenta la oportunidad de hacerlo, y notas en la mirada de tu rival que lo sabe y tiene miedo, y a pesar de ello, decides dejarlo pasar. Esa sensación de superioridad que no se exterioriza, que se queda para satisfacción personal. Ese pude y no quise.
Hay miradas que se bastan, por terribles, para erigirse en vanganza...
Una vez hecho el daño siempre queda cicatriz, y a veces es imposible borrar sus efectos, tanto en la piel como en el alma.
Te hieren a tí, pero la marca queda también en el otro, es su estigma; será su castigo y tu venganza perfecta.
Te recomiendo un saco de boxeo a tiempo... pareces contener demasiada ira...
¿Ira? Que va. No tanto.
Además, me gusta más el tenis e imaginar que la pelota es alguna cabeza.